El agua danzaba bajo la luz temblorosa de las velas. El vapor ascendía lento, acariciando su piel desnuda como dedos invisibles. Había llenado la tina con pétalos de rosas oscuras, ramitas de canela y unas gotas de aceite que olía a vainilla y fuego. El cuarzo brillaba en el fondo como un corazón dormido.

Cerró los ojos y susurró el hechizo… esas palabras antiguas que su abuela le había enseñado, con la voz baja y cargada de deseo. El agua parecía escucharlo, vibrar con cada sílaba. Sentía su cuerpo relajarse, pero también… encenderse.

Entonces, lo sintió: una presencia detrás de ella. No era miedo, era un calor que recorría su columna como un relámpago suave. Abrió los ojos y, en el espejo empañado, lo vio: mirada oscura, sonrisa peligrosa, gotas de agua deslizándose por su pecho. No recordaba haberlo invitado… pero tampoco quería que se fuera.

—¿Me llamaste? —preguntó él, con voz grave, acercándose.

Sus manos, tibias y firmes, se posaron sobre sus hombros. No había prisa; sus dedos descendían despacio, explorando un territorio sagrado. Sus labios rozaron la curva de su cuello. El vapor se volvió más espeso, el aire más denso; el tiempo dejó de existir.

Sus respiraciones se mezclaron. El agua cubría sus cuerpos, pero cada caricia ardía como fuego líquido. Los pétalos se pegaban a su piel, dibujando un mapa de placer que él recorría con la lengua, deteniéndose en cada curva, cada pliegue. Ella se entregó al ritual, sintiendo cómo la sostenía, cómo su cuerpo respondía a cada toque, a ese vaivén profundo que encendía lunas ocultas bajo el agua.

Cuando el clímax la atravesó como un hechizo cumplido, el agua pareció hervir alrededor. Abrió los ojos… y estaba sola. Solo el vapor, los pétalos flotando y el cuarzo brillando en el fondo de la tina.

Pero su piel aún ardía… y en el espejo, una gota se deslizaba lentamente, como si una mano invisible la hubiera dejado ahí.

 
“Existen rituales que solo revelan su poder a quienes se atreven a buscar en la Bóveda del Placer Mágico… donde cada secreto espera ser descubierto.”