Nunca pensé que un danzón pudiera encender así la sangre. Soy maestro de baile en una escuela para adultos; he guiado cuerpos durante años, pero aquella tarde ella llegó con una quietud felina en la mirada y un temblor dispuesto en la cintura. Cuando posé mi mano para marcar el compás, supe que la clase ya no era clase: era un llamado.
La llevé por la pista como dicta el danzón: paso cerrado, giro lento, pausa que roza el borde del beso. Su respiración se mezclaba con la mía y, a cada cruce de miradas, el deseo golpeaba por debajo de la técnica. Yo debía enseñarle a danzar; lo que quise fue enseñarle a perderse.
Cuando la música murió y el murmullo del salón se apagó, la tomé de la mano. No hizo falta hablar. Entramos al baño de la escuela y cerré la puerta con la decisión de quien ya eligió. La apoyé contra el espejo, y nuestros labios al fin se encontraron —urgentes, hambrientos— como si el danzón hubiera estado esperando ese acorde desde el primer compás.
Su falda subió como marea nocturna; mis manos le trazaron un mapa secreto por la espalda. El lavabo crujió bajo el vaivén de nuestros cuerpos, y el danzón siguió adentro: cada embestida un paso, cada gemido un acorde, cada susurro un “sí” que marcaba la siguiente figura. Perdí el papel de maestro y me quedé solo en el de hombre, devorando a mi musa en la clandestinidad más perfecta que ofrece una escuela de baile a medianoche.
La explosión llegó como una coda inevitable. Jadeamos pegados al espejo empañado, la piel encendida, las manos aún buscando pretextos para quedarse. La miré y supe que aquello no era un error: era un secreto sagrado firmado en sudor y música lenta.
Y mientras sus labios aún ardían en mi boca, entendí que no había regreso: el danzón se había vuelto ritual, y nuestros cuerpos, altar. El eco de ese instante no quedó encerrado en el baño: se abrió como un portal donde el deseo es sagrado y la piel recuerda.
Si quieres seguir danzando en ese universo oculto, donde el placer se convierte en alquimia y cada encuentro es un hechizo, abre las puertas de la Bóveda de Alquimia del Placer… allí otros secretos ya están esperándote.